Un gobierno diferente

Si el resto del sexenio termina como ha empezado, éste será el gabinete presidencial más gris del que se tenga memoria. Hasta ahora, los secretarios no son ni frío ni calor, ni caros ni baratos, y no (o no en todos los casos) son apagados por falta de credenciales, incluso varios de ellos fueron “alguien” en sus anteriores vidas. Brillaban y hasta tenían opiniones propias.

Hoy, los secretarios de Estado han quedado reducidos a edecanes o jefes de departamento, que esperan la instrucción de su superior para actuar. La figura de Andrés Manuel López Obrador los eclipsa y hasta parece que les quita todo vigor e ímpetu. ¿Será esa la fuente de energía del Presidente que le permite levantarse de madrugada todos los días?

Los interlocutores de distintos sectores que se reúnen con algún secretario buscando soluciones o respuestas salen desconsolados y en su rostro se ve la incertidumbre, porque los propios funcionarios les hacen saber que quien decide al final es Andrés Manuel y que es un hombre de ideas firmes que difícilmente cambia de opinión. Esa historia se repite una y otra vez en las dependencias.

De ser primeras figuras en otros sexenios, ahora, han pasado a ser de chocolate. Sus nombres no son retenidos en las mentes de ningún mexicano porque simplemente son inexistentes. Hablan cuando se les permite que hablen en las conferencias mañaneras de su Santo Patrón, y sólo dan entrevistas si son palomeadas desde Palacio Nacional.

Por eso, no debe extrañar que cuando salen a hablar, frecuentemente les dé por equivocarse. Hay que comprenderlos, están un poco oxidados y han perdido la práctica.

Que no se juzgue, entonces, tan duramente a la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien junto con su homóloga de Función Pública, Eréndira Sandoval, protagonizaran un altercado cuando la primera dijo haber declarado un penthouse en Miami y no fue publicado y, la segunda, que si no había pasado es porque la exministra no se los había solicitado.

Y hablando de la secretaria de la Función Pública, ¿cómo olvidar que durante su encuentro con senadores se le ocurrió decir que el sector privado también debía bajar los sueldos como medida de austeridad?

De igual manera, el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, pasó aceite con las críticas después de declarar que dar el dinero a los familiares, como los abuelos, para que cuiden de los niños y las niñas era la solución de eliminar el presupuesto a las estancias infantiles.

La secretaria de Energía, Rocío Nahle, es otra de las que se ha resbalado. Ella dijo que su dependencia no confía en la agencia calificadora Fitch Ratings, a quien llamó hipócrita y, además, dijo que Pemex está más fuerte que nunca (ternurita).

Lo dicho, no deben ser juzgados por sus declaraciones, aunque algunos opinan que calladitos se ven más bonitos y que si así van a declarar, mejor que sigan estando a la sombra de López Obrador.

Además, no solamente el gabinete se ha desdibujado, el Congreso también se ha convertido en la oficina administrativa en la que el Ejecutivo pasa sus iniciativas. Han regresado a la peor costumbre priista de asentir y decir: sí, señor Presidente, lo que usted mande señor Presidente.

Muy pocas voces se animan a disentir de los líderes parlamentarios, quienes están a las órdenes del mandatario tabasqueño. El caso más grave es lo que está sucediendo justamente con las estancias infantiles, donde ni las propias protestas de legisladoras morenistas han servido para que se cambie de opinión, porque ya recibieron una orden superior que no está a discusión.

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