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Ensenada, Baja California

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La ética del PRI

La Comisión Anticorrupción del PRI está a punto de cumplir tres años en funciones, creada por el presidente del partido en aquel momento, Enrique Ochoa Reza, este órgano interno se hizo para revisar los perfiles de los militantes que aspiren a ser candidatos a puestos de elección popular para ofrecerle a los votantes “perfiles honestos”. “Vamos a levantar la bandera para atender los casos antes de que sea tarde. Como principal forjador de instituciones de nuestro país, en el PRI, a través de esta Comisión Anticorrupción, habremos de predicar con el ejemplo para cumplirle a la ciudadanía”, decía airoso Ochoa Reza mientras el caso de Javier Duarte estaba en su apogeo en la prensa nacional; en aquel entonces no se sabía el paradero del exgobernador y era el apestado número uno del país. Nunca más un priista corrupto, o tal vez sí, pero primero lo iban a agarrar los propios tricolores. Tras dos años de no hacer nada, en marzo de 2018, el PRI, en una medida electorera bastante desesperada, le cambió el nombre e instaló su “Comisión Nacional de Ética Partidaria”, su objetivo: “detectar candidatos y funcionarios militantes en activo que cometan actos ilícitos”. ¿Cuántos procesados e investigados lleva? Tras su fracaso electoral de 2018 imagino que esta comisión trabaja a marchas forzadas y no sólo eso, cualquier candidato a presidir el partido está al tanto de los señalados, las investigaciones y tiene como bandera de campaña los resultados de esta necesaria comisión… imaginé mal, nada de esto sucede.

En plena carrera para definir la dirigencia del partido, hace algunos días tuvimos la oportunidad de hablar en el programa de radio “Así las cosas” con Alejandro Moreno Alito, el contendiente con mayores posibilidades de llegar a ser el presidente del partido en las próximas elecciones internas. Días antes Moreno había dicho en una entrevista que estaba dispuesto a “enfrentar todos los actos de corrupción”, esta declaración llevó a mi pregunta: ¿contra qué actos de corrupción va Alejandro Moreno dentro de su partido?, su respuesta fue: “no, nosotros lo que decimos es que hay que apoyar y respaldar a que las autoridades competentes hagan su trabajo”, a lo que respondí que había una instancia interna dentro del partido encargada de esto también; con una habilidad envidiable contestó: “sí, cuando los priistas cometen alguna falta, la información la tiene el Comité Nacional, nosotros todavía no estamos ahí, pero lo que sí te puedo señalar es que nosotros debemos impulsar un partido íntegro, honesto, que combata a la corrupción, donde somos gobierno exigirle a los gobernantes que den resultados”. En pocas palabras no tenía idea, el que quiere ser el próximo presidente del PRI, cuántos de su partido han sido investigados o están en proceso de investigación por actos de corrupción. Creo que hoy poco importa, supongo que ya tiene otras preocupaciones.

Ayer el diario Reforma publicó en sus ocho columnas “Edifica su mansión; no prueba ingresos”, una nota firmada por el periodista Benito Jiménez. En ella se exhibe una residencia en Lomas del Castillo, en una zona cerca de la playa de Campeche, de más de 46 millones de pesos construida en los últimos dos años por el priista Alejandro Moreno, pese a que sólo había declarado ingresos anuales por 5 millones de pesos mientras fue gobernador del estado. No hay tres de tres que sustente esa casa con ese salario. El propio presidente López Obrador, en campaña, señaló “(Moreno) es un gran corrupto, reverendo ladrón, se dedica a comprar votos y vive aquí en una gran mansión y ahora sí como decía mi paisano Chico-che ¿Quién Pompó?”. No sabemos quién será capaz de contestar esa pregunta, ¿quién pompó? ¿Será que la Comisión Nacional de Ética Partidaria ya atrajo el caso? ¿Será citado Alejandro Moreno dentro del partido para aclarar la compra de esta propiedad? Ojalá… no nos vayamos a dar cuenta, como José Narro hace algunas semanas, que en el PRI todavía caben los corruptos.

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