Treinta33.tv

Ensenada, Baja California

Nacionales

La otra estadística

¿Sabías que en nuestro país existen 120 millones de líneas de teléfono celular? La cifra me parece impresionante.

El teléfono celular se ha convertido en una herramienta indispensable para ciertas personas. Perderlo o que te lo roben resulta una experiencia sumamente desagradable. Además de la inversión en el aparato, que muchos pagamos a crédito, la información compuesta por notas, contactos, conversaciones y fotos, se convierten en pérdidas realmente lamentables.

Una estadística revelada recientemente dice que, durante el año 2018, casi 2 mil celulares fueron robados diariamente en la Ciudad de México. Es decir, 2 mil personas diariamente se propusieron despojar de su celular a alguien más y lo lograron. ¡Qué cifras! El Gobierno de la Ciudad está implementando una serie de medidas para disminuir su incidencia.

Sin embargo, yo soy parte de la otra estadística. ¿Quieres saber por qué? Tengo dos teléfonos celulares, con ellos garantizo poder desempeñar mi trabajo de manera adecuada. Una noche al llegar a casa, me percaté que uno de ellos no estaba entre mi ropa, supuse que estaba en mi portafolio. Ni en mi portafolio ni en el coche ni en la oficina. Conclusión temprana (casi siempre equivocada), lo perdí o me lo robaron.

La búsqueda se prolongó un par de días. Llamé a mi línea y sonaba apagado, señal de que la batería se había agotado o que alguien más ya lo utilizaba con otro chip. Mi necedad me impulsó a llamar de nuevo horas después; ¡esta vez daba tono! ¡Contesta por favor!, pensaba ilusionado. Lamentablemente nadie contestó y con esto la historia prácticamente llegaba a su fin. Para mi sorpresa, minutos después, sonó mi teléfono y el identificador de llamadas mostraba en la pantalla el número de mi teléfono extraviado. Contesté veloz. Al otro lado de la línea, una mujer un poco temerosa, pero muy amable, me hizo saber que había intentado por todos los medios posibles encontrar al dueño del celular y que prácticamente se había resignado a no lograrlo. Nos vimos un par de días después y pudimos intercambiar ideas y reconstruir lo sucedido. Ella encontró mi celular sobre el arroyo vehicular en una calle del sur de la ciudad por la que suelo regresar del trabajo a casa montando mi bicicleta.

Qué bonito se siente en un entorno de tensión, preocupación y adversidad, encontrar muestras de bondad. Somos un pueblo caracterizado por su cultura y principios. Si existiera un torneo mundial de solidaridad estoy seguro que llegaríamos a la final. Coincido con los que aseguran que los mexicanos somos buenos y honestos. Desafortunadamente el medio que nos rodea y la pérdida de valores ha provocado la descomposición social de algunos grupos de mexicanos en ciertos sectores.

Conocer a Pamela y recuperar mi celular me confirmó que en esta gran ciudad existe gente buena y honesta. Yo soy parte de la otra estadística, esa que está compuesta por gente a la que un desconocido nos ayudó sin pedirnos nada a cambio. Pamela, muchísimas gracias y muchas felicidades. Eres un ejemplo a seguir.

Deja un comentario