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Ensenada, Baja California

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Lo insólito

Entrevisté al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, político que ha vivido en primera persona la consolidación de una verdadera democracia participativa en este país. Podemos hablar de varios políticos beneficiados, de partidos de derecha y de izquierda que gozaron incluso de un órgano electoral autónomo, de esos que empezaron a ganar votaciones al régimen dominante, pero cuando hablamos de la génesis y de la lucha por la democracia mexicana moderna, hay que dedicarle un capítulo a Cárdenas sin discusión. Hablé con él con motivo del disparate ocurrido en Baja California (el 10 de julio pasado), el ingeniero fue contundente: “Constituye un atropello a la ley, al sentido común, a la voluntad que se expresó en la elección local del 1 de julio (…) nos están diciendo que es por el bien del pueblo de Baja California, que es por el bien del estado y eso me parece que sí ofende y ofende la inteligencia”. Cárdenas decía que se había hecho en lo oscurito, fue tal vez de las primeras voces trascendentes en pronunciarse a través de redes sociales: “Aceptar esta prolongación de mandato abre riesgos de mayores ilegalidades y atropellos al mandato democrático en toda la República”.

En aquellos días vi tal repudio de gran parte de la clase política, de los medios y de la población en general, que juré que se convertiría en una anécdota digna de película tragicómica; diputados y senadores federales se pronunciarían en contra, el Presidente diría que es una tontería monumental, renunciarían los diputados involucrados y el gobernador señalaría que fue una ocurrencia legislativa y ya, al olvido la idiotez de inicios de este mes y lo que sigue… pero no, regreso al país y me encuentro en la primera plana de uno de los medios de circulación nacional con: “En una sesión exprés, secreta y a más de 200 kilómetros de su sede oficial en Mexicali, los diputados de BC consumaron ayer el ‘regalazo’ para el Gobernador electo de Morena, Jaime Bonilla (…) con la presencia de 18 diputados, se declaró la procedencia de una reforma a la Constitución local que amplía de dos a cinco años el periodo de Bonilla”.

Es una locura sin precedentes y nada ni nadie la detiene. El presidente ha dicho que no se le culpe a él, pide que no se le involucre porque buscan “echarme la culpa de todo”; insiste que no tuvo nada que ver; Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, también se ha hecho a un lado al señalar que es inconstitucional, pero lo respeta. ¿De verdad, qué nos está sucediendo? ¿Cómo algo tan evidentemente ilegal puede avanzar a paso firme y en la impunidad? ¿Será posible que un gobernador cambie su periodo de mandato, que lo lleve de dos a cinco años o después a diez o quince, o que de pronto el Congreso lo reduzca? La puerta que se sigue abriendo es insólita, y todo indica que sucederá el fraude electoral más increíble de la historia de este país. Si López Obrador se había sentido traicionado por las instituciones en 2006, no quiero imaginar qué siente de lo sucedido en Baja California.

“Nunca hice campaña para ser gobernador por dos años”, fue el argumento que ayer le dijo Bonilla al periodista Enrique Hernández Alcázar; tampoco para cinco podríamos revirar, pero de verdad ni siquiera vale la pena contestar ante la pobreza argumentativa del nuevo gobernador. Así, con ese nivel se enfila para pasar a la historia, no importa si como precedente o como hecho aislado, insisto es y será insólito.

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